Humorística

El pene del conde (epístola entre amigas)


De Cruz a la condesa de Jaruco, 

Madrid 27 de julio de 1808

El conde de Buenaesperanza es un hombre que se anda sin rodeos, y eso es lo único que me gusta de él. Todo lo demás es fatuo. Incluido su laureado pene. Si el de Ignacio era como el dedo gordo de un cura orondo, el más esbelto del conde es sin embargo como el dedo huesudo, picudo y como un pequeño eucalipto bailando al viento de la francesa que toca el piano en las reuniones de la duquesa de Osuna. Difícil de mirar, y aun más de acariciar y besar. Me esperaba a la Tizona del Cid y hallé la cimitarra del moro Muza. En resumen, el pene del conde de Buenaesperanza está torcido y es de un desubicado color aceitunado. Sin embargo, tiene en tan alta estima su propio pescadito que no dejó de mirarlo ni un momento. Imagínalo. Su rostro barbado, su cortinaje en la frente, esos ojos grandes negros y su boca pequeña, de doncella con barba. Preparó una escena teatral. Me dejó en la estancia solicitándome que me desnudará, lo que me llevó dos minutos y medio menos que a él. El conde se ocultó tras un biombo. El tipo lleva tantos aderezos que supongo que le causaba cierto embarazo quitarse prendas durante tres minutos delante mía. Allí estuve sentada en una otomana turquesa, sintiéndome casi ridícula en la espera, aunque tal sentimiento no llegó a apoderarse de mí gracias al atenuante del ridículo rotundo que estaba haciendo el conde. Finalmente apareció mi Apolo envuelto en una bata de seda encarnada con cuello de arce. Se situó de pie ante mí cuando ceremoniosamente descorrió el cortinaje como diciendo “la función va a comenzar”. Cada vez me descubro como mejor actriz. No me costó nada ofrecerle exactamente la cara de admiración y deseo que su orgullo reclamaba de mí. Fui capaz de contener los aplausos y los bravo, bravo. Al abrir pues su bata dirigió su mirada a su propio desmayado miembro y luego buscó rápidamente mi cara para saborear el efecto de admiración que daba por descontado. “Aquí está, hazlo tuyo con tu boca”. Eso dijo exactamente. Te lo vuelvo a escribir para que no dejes de apreciar la memorable sentencia en toda su tremenda y sincera poesía: “Aquí está, hazlo tuyo con tu boca”. Hice méritos para ser contratada por el Teatro de la Ópera de París. Querida amiga, hace unos meses ante tal escena me hubiese tirado al suelo de la risa. Después me hubiese puesto a imitar los bocados de una piraña, abriendo mucho la boca y sin duda hubiese dicho: “como gustéis señor conde, nada me placerá más que hincarle el diente a ese manjar”. Me admiro del control que estoy adquiriendo sobre mis reacciones y emociones. Gracias sobre todo a tus sabios consejos amiga. Todo se les puede hacer menos herir su virilidad, pues habrás ganado un enemigo feroz hasta la tumba; y este conde es aún demasiado poderoso.

Con mis ojos irradiando llamas y mi boca con la exacta mueca que el profeta Sade atribuye al barón cuando encara el jugoso cuerno de la abundancia del joven Ernest me acerqué obediente y lujuriosa y lamí el muy aristocrático junco del marqués. Era el primer pene de un Grande de España en mi boca. Si este hombre pasa por el mayor seductor de la Corte, me puedo ahorrar ya el trabajo de campo en estos pagos de la grandeza. Al medio minuto me hallaba ya completamente ausente del acto. Me sobró todo el resto. Aborrezco felar; encuentro que es un frotamiento vulgar y monótono, parecido a hacer fuego con dos piedras y un palo. Esto parece ser que es casi siempre suficiente para los hombres. Pobre sujeto este conde. El don Juan imbatible de la corte de Madrid. El campeón de los campeones, el azote de los cornudos, la espada del Gran Cabrón, motivo de desvelos de las damas, inspirador de inconsolables poesías de amor tramposo. Su misión sobre la tierra, aquello sobre lo que gira su ilimitado orgullo no es más que esto: una mujer a horcajadas, yendo del principio de sus muslos o al comienzo de la barriga con su cosa entre las piernas. Y ese balanceo aburrido, le saca un chorrito. Tiene tan poco imaginación que a duras penas creo que sale de esa postura. Quiere a las damas ahí. Haciendo el trabajo. Desde ahí puede contemplar a su gusto sus rostros. Y mira sus rostros de goce, no dudo que algunas lo harán, y eso le hace sentirse deseado y admirado por si mismo. Podre conde víctima de los tiempos y el mundo dislocado y roto de la Revolución del 89. Estos grandes de España yo no saben el suelo que pisan. Ya no se creen sus propias mentiras de las jerarquías divinas, pero aun menos creen que deban ceder su puesto. Inútiles como este conde, que no sabe más que cazar y perseguir damas, que consideraban el trabajo un deshonra y su capital un manantial inagotable, les ha llegado la hora de mirarse al espejo. Y lo que ven, como este conde, les resulta aterrador. Ante el vértigo del mundo  nuevo que no le asigna papel alguno se refugia en las grietas de siete centímetros de las mujeres. ¿Sabes lo que me hizo al acabar de encender su fósforillo en mi grieta? Cantar El don Giovanni de Mozart, pero con una variación de números, donde Ponte dice Alemagna 234, el conde me decía pícaro que de teutonas tan solo cató 87, pues no son de su gusto tales salchichas carnosas y coloradas. Pero tuvo mejor rendimiento en Italia y Francia, batiendo al Lo mejor vino en el Ay in Spagna, Ay un Spagna, in Spagna mille tre. El conde abrió mucho los ojos y su rostro se expandió como las plumas del pavo real: In Spagna, con vos, futura condesa de Cantespino, in Spagna mille cuatro. Me desconcertó. Lo confieso. En ese momento me pilló distraída incapaz de encontrar la respuesta que el cretino esperaba de mí. La fatuidad debe tener un límite y me costó entender que el tipo me estaba invitando a sentirme orgullosa por haber colaborado en la consecuención de un hito. El don Juan real batiendo al don Juan de la fantasía. Eso es lo que el mamarracho quería querida amiga, eso daba por hecho que sería un motivo de alegría compartida. Sonreí como una estúpida. No se me ocurrió hacer otra cosa. En mi cabeza estaba teniendo lugar una especie de iluminación que ampliaba mi percepción sobre las cosas humanas. Es harto estúpido subestimar la infinita capacidad de los hombres para resultar más simples que el macanismo de un abanico. Sorpresa ante esa ilimitada capacidad para ser cretinos trasnparantes y una sincera repulsión al imaginar que el gusano aceituno que acababa de tener entre mis piernas había sido huesped de un ejército europeo de vaginas. Qué asco me produce la imbecilidad masculina. 

Sin embargo, cuanto más descubro el decepcionante mundo del sexo varonil más tengo que reconocer su indudable utilidad para penetrar en sus conciencias. Meterse en la cama con un hombre es meterse en la cama con su libro de autoconfesiones, memoria y estudio biográfico sincero y honesto. Libros perfectamente organizado en coherentes epígrafes. Capitulo 1: – Cuales son mis miedos y mis más horribles pesadillas. Capítulo 2- Qué creo ser y que soy en realidad. Capitulo 3- Cuál es mi más habitual manera de ser un cretino. 4- Soy cobarde porque… 

Aun debo hacer más trabajo de campo. No todos los hombres pueden ser tan cretinos. Aunque el de  los don Giovannis perfumados me parece que está agotado. Poco que descubrir y estudiar por aquí. Buscaré ahora en otras categorías. Algo es cierto, todo esto hace representarme aun cómo más tentador el momento en el que Francisco Amorós estará desnudo frente a mí, buscando el escondite de mis muslos. Francisco en la cama. El hombre íntegro e inatacablemente bueno y sabio. De cuerpo dionisíaco.¿Cómo amará Francisco?, ¿cuáles serán sus gestos y cómo me mirará?, ¿qué hablaría?… Leer ese libro que es Francisco desnudo, excitado y amante lujurioso es el único que realmente me pide las ganas. Leer ese libro parece ahora más lejano que hace un par de meses. Francisco es todo política, es todo planes y esperanzas, fidelidad al nuevo rey y entrega a la patria. El padre atento apenas encuentra tiempo para dedicarle a sus hijos. Nos lo dijo ayer en reunión, no está confirmado, pero lo má probable es que vaya comisionado a alguna provincia del Norte. Ha causado un estupenda impresión al rey, y el rey a él. Como a ti. Ambos estáis igual de entusiasmados con Jose. Algo debe tener ese hombre cuando mis dos seres favoritos sobre el planeta, Frasquito y tú, querida condesa de Jaruco, le tenéis en tal alta estima. Dejame reservar mi oponión hasta que conversemos. Y espero que sea pronto. Este mismo sábado si mis asuntos me lo permiten acudiré puntual a la flamenta inauguración de las velada josefinas de la calle del Clavel 11. 

Sé que no aguantas los asuntos de numeros y neogocios, dejame solo que te participe de mi alegría. La maquinaria está en marcha. Ya soy en toda propiedad un agente de negocios. Mi primera jugada está en marcha. Es simple y de ganancia segura. Está por ver el margen y el volumen, que puede ser moderado, pero también suponer la primera piedra de una considerable fortuna. Ay amiga, los arisocrtaas como yo que nos movemos en el filo de la navaja de los sueldos ministeriales, aun mas en estos tiempos, no podemos sino aceptar los signos del tiempo nuevo con los Bonaparte nos han traído. Es culpa de tu futuro amante, y no en pequeña medida, que tu niña de adopción baje a ensuciarse a las minas de donde sale el mineral que todo el mueve.  

Hasta muy pronto,

Tu alumna incesante